2024-06-13

Manex Beristain: Si la ikastola quiere educar al alumnado para la vida, la muerte también debe tener cabida en las aulas

A lo largo de este curso hemos tenido entre nosotros a Manex Beristain presentando un cuento escrito por él a partir de sus experiencias con la muerte y ofreciendo talleres sobre la muerte. La ikastola ha sido pionera en ofrecer dinámicas de este tipo, junto con el colegio de Antzuola. En esta ocasión hemos tenido la oportunidad de hablar sobre el impacto que tiene en el sistema educativo y en los alumnos trabajar el tema de Manjantindolua.

¿Qué fundamentos pedagógicos tiene la elaboración del tema del duelo? ¿Qué antecedentes hay en el ámbito educativo?
Ha sido un tema que hasta ahora no se había tratado en la educación y que, en todo caso, se ha tratado al azar. Así, la decisión de tratar este tema en las aulas ha dependido de la sensibilidad de cada profesor hacia este tema, pero no de hacerlo de forma sistemática. Históricamente en educación, por tanto, no se ha tratado el tema que se ha tratado y sólo ha habido protocolos cuando ha habido casos de muerte o enfermedades graves en un aula. Con el tiempo se ha puesto de manifiesto que estos protocolos no han sido eficaces a pesar de que los hayamos utilizado como agujas del norte. Al fin y al cabo, ha sido y sigue siendo un tema tabú el de la muerte hasta ahora en la educación. Al fin y al cabo, sólo en momentos puntuales se ha tratado el tema en las aulas, sólo cuando había acontecimientos atroces.

Cuando en Educación Infantil se trata el tema de la muerte los niños todavía no son conscientes de que esa pérdida es irreversible. En Primaria, en cambio, las pérdidas son más conscientes y los dolores mayores, porque tienen más racionalidad y se dan cuenta de que es irreversible y universal, es decir, que nos puede pasar a cualquiera. Esta etapa educativa nos ofrece, por tanto, una buena oportunidad para empezar a tratar el tema con el alumnado, pero muchas veces no estamos preparados, a pesar de que desde la ikastola se quiera dar una respuesta ante un caso de muerte que afecta a algún miembro de la clase.

Usted ha puesto sobre la mesa un enfoque innovador para tratar este tema. ¿Desde qué perspectiva se parte?


El compromiso está en la base. Si queremos educar al alumno para la vida, la muerte tiene que tener presencia en las aulas porque forma parte de la vida. Por lo tanto, el primer paso es decidir que la muerte tenga presencia en las dinámicas de la ikastola. Esta es la primera decisión importante, la de incorporar la pedagogía de la muerte dentro de la pedagogía de la vida. Una vez tomada la decisión hay que empezar a dar forma al proyecto. Ahí es importante saber identificar los sentimientos que genera a cada profesor tratar el tema de la muerte en las aulas, y normalmente afloran el miedo y las inquietudes. Estos miedos se deben a la idea que hemos hecho de la muerte y en la base está el deseo de huir de la angustia. Tenemos miedo a la idea que hemos hecho de la muerte (lo perderemos todo, desapareceré…).

El siguiente paso a partir de estas ideas es decidir qué hacer: talleres con los alumnos, sólo con los alumnos, dar cabida a los padres, desarrollar dinámicas anuales… En Educación Infantil, por ejemplo, se pueden hacer rituales para hacer frente al vacío sensasio que genera la muerte (enterrar el caracol de nuestra huerta, por supuesto sin tintes religiosos). La otra opción adecuada puede ser, por ejemplo, organizar saludos a los miembros que tienen importancia para nosotros en el día a día de la ikastola: despedir a los alumnos que terminan la etapa de Educación Infantil y van a Primaria o despedirse también de los profesores que abandonan la ikastola. Por lo tanto, el tema de la muerte no es sólo la muerte física, también es importante aprender a decir adiós o a valorar las diferentes etapas de nuestra vida.

La otra cuestión es cómo recibir al niño en proceso de duelo. En estos casos es importante ser consciente de la situación y preguntar qué necesidades tiene el alumno, qué necesidades tengo yo como profesor para cubrir las necesidades que tiene ese alumno. Las otras propuestas podrían ser crear el rincón de la muerte en Primaria. La muerte de la ESO está muy presente, por ejemplo, en muchos contenidos históricos o biológicos. La pregunta es, ¿conectamos con el sentimiento de lo que supone la muerte? Dar respuesta a esta pregunta no significa estar todo el tiempo hablando de este tema pero sí que es necesaria una visión consciente.

Por tanto, ¿qué valor añadido aporta trabajar el tema de la muerte al proceso de formación de los alumnos?


Sabiendo que la muerte es la realidad de la vida, trabajar este tema ante otras situaciones que pueden ser dolorosas para el alumno (el reparto en casa, los enfados que puedan tener con sus amigos íntimos…) con profesores o adultos la posibilidad de contar sus penas y desatar nudos le da “herramientas” para aprender cómo gestionar emocionalmente situaciones más graves. Así, crear espacios para liberar los dolores o las inquietudes dentro de cada uno es una herramienta muy poderosa y útil en la ikastola, que puede ser de gran ayuda en su desarrollo personal.

¿Usted personalmente cómo se adentró en este tema?
Como sucederá con todos, en mi vida la muerte ha estado muy presente (la muerte de mi abuela y mi tío). Todavía recuerdo cómo les hice los escritos para despedirme de ellos. Sin darme cuenta di los primeros pasos con estas pequeñas acciones. La muerte de mi pareja fue lo que me obligó a hacer el duelo. Además, mi hijo, Ekain tenía casi tres años al morir su madre y cuando tenía cuatro o cinco empezó a hacerme preguntas sobre este tema. La pregunta del hijo que os animé a escribir el libro fue: ¿Qué pasa si me olvido de mi madre? Eso me impulsó a escribir el cuento Azken galdera amari y fue una terapia eficaz para mí, dedicar mucho tiempo al libro desde el amor y, más tarde, compartir mi experiencia con los demás a través de las presentaciones del libro.

En la ikastola ya has puesto en marcha talleres sobre la muerte. ¿Cómo valoraría la experiencia? ¿Qué respuesta han tenido los alumnos?


Vi a los alumnos entusiasmados pero con preocupación al mismo tiempo. Además, noté que algunos alumnos tenían grandes necesidades. La experiencia ha sido muy enriquecedora y también me gustaría destacar que los alumnos han sido muy valientes. Además, la dinámica de los talleres también ha sorprendido a los alumnos, no esperaban el formato. Así, divido el espacio en tres partes: espacio para compartir testimonios, rincón de rituales y rincón de juegos. Los alumnos tienen la oportunidad de escribir mensajes a las personas que aman en el rincón de los rituales y no están a su lado, levantándose cuando quieren al sentir algo, lo que les genera distancia. Se trata de comprender e interiorizar las reacciones que los sentimientos nos producen físicamente en el rincón de los juegos. En este último rincón muchos alumnos se quedaron impresionados por la sensación que les producía la liberación física de estos sentimientos. Si los hubiera planteado como una simple charla los talleres no habrían sido tan eficaces. En estos talleres hemos conseguido crear espacios en los que los alumnos se sientan seguros, ofreciendo la posibilidad de expresar y compartir libremente sus pensamientos íntimos. Creo que todo esto ha permitido a los alumnos desarrollar poderosas herramientas emocionales, que también han servido para reforzar la confianza en sí mismos. Se trata de sembrar poco a poco para tener frutos en el futuro.

A través de estos talleres queremos invitar a los alumnos a vivir la vida en su conjunto, a sentirse libres también para expresar sus sentimientos de amor, por ejemplo, a dar abrazos a los seres queridos en los momentos en que lo sienten.