La salud mental en la educación
El tema de la salud mental se ha situado, en los últimos años, en el centro del debate social. Entre varios factores pueden destacarse, por un lado, la pandemia, con su aislamiento inicial, y luego sus consecuencias, como la situación de incertidumbre económica laboral o los recortes en las relaciones sociales. Por otro, las experiencias estresantes que los humanos incluimos dentro de la rutina. Todo ello ha conseguido influir negativamente en la calidad de la salud mental de los seres humanos, especialmente entre los jóvenes. Según el estudio publicado por Unicef en el informe Mi cabeza: promover, proteger y cuidar la salud mental de los niños, más del 13% de los adolescentes de entre 10 y 19 años tienen diagnosticado un trastorno mental, y según la Organización Mundial de la Salud, entre estos trastornos de salud mental diagnosticados predominan la ansiedad y la depresión.
La escuela juega un papel importante para garantizar el bienestar y la salud mental de los alumnos. Los menores nos transmiten tristeza, frustración, miedo y dificultad para gestionar las emociones a los profesores y cuando expresan estos sentimientos no se sienten debidamente acompañados. Aunque en los últimos años este tema se trabaja con frecuencia en los centros escolares, las escuelas aún no están del todo preparadas para afrontar este nuevo affaire, muy proliferado. Se trata, por tanto, de dotar a las escuelas y a la comunidad educativa en general de recursos y formación para la detección precoz y la gestión eficaz de estas dolencias de salud mental del alumnado. De hecho, los profesores no tenemos formación específica para detectar y canalizar con benevolencia los malestares mentales del alumnado. Para ello, la Unesco propone varias ideas: establecer en los centros una figura de referencia en salud mental para que el alumnado exprese sus inquietudes y asesore al profesorado para gestionar bien la situación. También destaca el diseño de programas específicos de formación y prevención en los centros educativos para naturalizar la salud mental en la escuela y trabajar y dialogar sin miedo.
Para la Unesco, las escuelas deben diseñar planes de bienestar que contribuyan a ofrecer entornos sanos y seguros que sirvan como factor de protección de calidad para preservar la salud mental de los alumnos. Un buen plan de bienestar debe tener varios elementos fundamentales. Lo importante es crear un entorno en el que todo el mundo sienta respeto, cuidado y valoración del resto de la comunidad educativa para generar un sentimiento de vínculos de cuidado. También se destaca la necesidad de tomar conciencia de las propias emociones, necesidades y tendencias, es decir, ayudar al alumnado a gestionar las emociones en la regulación de su comportamiento para lograr una buena gestión del estrés y resistencia a la frustración. A través de ella desarrollarán capacidades emocionales que les ayuden a afrontar mejor los retos de la vida para garantizar el bienestar personal y hacer frente a los sentimientos que generan sufrimiento.
En resumen, garantizar la buena salud mental de los niños, niñas y adolescentes es uno de los mayores retos a los que se enfrentan en la actualidad las instituciones educativas. Al igual que se incide en la adquisición de hábitos saludables para promover una buena salud física, es necesario promover diferentes aprendizajes y prácticas preventivas para desarrollar una buena salud mental en la infancia y adolescencia. No basta con desarrollar diagnósticos y tratamientos médicos. Por el contrario, es necesario trabajar las diferentes situaciones surgidas en la escuela en torno a la salud mental desde una lógica preventiva a través del desarrollo continuo de la educación emocional.
Fuente: Revista Argia (Aritza Urrengoetxea)