2026-05-05

Ane Ablanedo Larrion (revista Argia): La ikastola, la nuestra

Una de las funciones más importantes que tiene la escuela es nacionalizar a los niños y jóvenes, es decir, ayudarles a integrarse en un poblado como parte de una nación. Evidentemente, al igual que en el resto de cuestiones relacionadas con la educación de los niños y niñas, la familia es el agente fundamental en esta tarea, pero la tarea de la escuela es contextualizar esa nacionalidad afectiva propia que se recibe en el hogar, a través del estudio de su geografía, historia, política, cultura, moral, literatura, lengua, etc.

Así las cosas, el sistema educativo español españoliza y afrancesan a los franceses, tanto en sus territorios propios como –ni qué decir tiene– en los territorios ocupados que han conquistado y que quieren colonizar, con más razón aún, por lo que conviene recordarlo: la estructura escolar española que España tiene implantada en el País Vasco es la española.

Se nos permite que la enseñanza sea en euskera, pero ahí no toman ningún riesgo. Tienen bien garantizado que es la referencialidad española la que se transmite, la que se puede llegar aún más fácilmente hablando en euskera, además, con menor resistencia. Y saben perfectamente que, arrancando el contexto político de la nación vasca de las aulas, nuestra cultura se convierte en folclore y tradición, y que de esta manera la propia adquisición de la lengua está condenada al fracaso, ya que sin adhesión a la nación vasca no nace ni siquiera adhesión a la lengua vasca.

Los vascos, sin embargo, contamos con una ikastola que, con la firme voluntad de contar con un sistema educativo propio, nace y se estructura en tiempos antiguos y difíciles, con el claro objetivo de euskaldunizar a los niños no solo lingüísticamente, sino nacionalmente. La Ikastola es una institución que Euskal Herria se creó para sí misma, una de las pocas que son nacionales, razones suficientes para merecer nuestro apoyo, reconocimiento y orgullo.

Puede ser cierto que las ikastolas ya no cumplen plenamente los cometidos nacionales que les fueron encomendados en los tiempos en que fueron fundadas, y puede ser similar al que existe en las escuelas, quizás, el discurso que algunas ikastolas tienen sobre la cuestión nacional, desgraciadamente. Pero eso no significa renunciar a la institución, sino apoderarse de un poder político superior que dé amparo y sentido a las instituciones vascas, porque en ausencia de eso siempre se van a quedar con poderes extraños.

Sin ánimo alguno de caer en la autocomplacencia, sería injusto acusar a la ikastola (solo) de falta de principios, porque es la política oficial vasca la que realmente ha hecho dejación de principios y, en consecuencia, responsable de la catástrofe ideológica que sufrimos, desamparando a la nación, pastando de la asimilación brutal.

En esta situación, la supervivencia de las ikastolas es una gran victoria, por lo que la campaña de desprestigio que los de siempre y por siempre han encendido una vez más contra la ikastola, así como las peligrosas maniobras que se realizan desde el interior de la ikastola para suprimir o desfigurar la institución, son totalmente denunciables. Por favor, por lo que tenemos en juego.