Solidaridad, auzolana y convivencia: la ikastola sigue viva en verano

2026-09-10

El curso arranca en septiembre, pero la actividad de la comunidad educativa no cesa en verano. El trabajo comunal, la participación de los padres y la acogida de los niños y niñas saharauis han tenido como eje la solidaridad y la convivencia.

A pesar de comenzar el curso en septiembre, en verano la ikastola ha sido testigo de la solidaridad y el trabajo comunal, demostrando una vez más que la ikastola es una comunidad viva y participativa. La ikastola es también un espacio para promover y desarrollar la participación de los padres y las madres, y este verano varias iniciativas lo han puesto de manifiesto.

Así, como todos los años, los padres y madres han participado en el proyecto Besoa, para dejar la ikastola preparada para la vuelta de los alumnos y alumnas. Antes de comenzar el curso, se han reunido en un ambiente de trabajo comunal, ordenando los espacios, organizando los materiales y acondicionando el entorno de la ikastola.

La visita de los niños y niñas saharauis, ejemplo de solidaridad y convivencia


Por otro lado, los niños y niñas de los campamentos saharauis que han estado en la ikastola este verano también nos han dicho adiós. Durante su estancia, han compartido momentos y vivencias inolvidables con nuestros alumnos y alumnas del ayuntamiento de la ikastola, y estos encuentros han enriquecido el día a día de la ikastola.

Este verano, por tanto, ha dado cabida en nuestra ikastola a la solidaridad, la convivencia y el encuentro intercultural. Los niños y niñas han tenido la oportunidad de conocerse, conocer de cerca otras culturas y realidades y convivir.

En palabras de la dirección de la ikastola, «la educación no solo se da en el aula; también se construye conociéndose, compartiendo experiencias y aprendiendo unos de otros. La experiencia que vivirán nuestros estudiantes y los niños y niñas procedentes del Sahara este verano ofrecerá a todos una excelente oportunidad de crecer como personas y enriquecerá a nuestra comunidad».

Esta experiencia ha sido enriquecedora para todos. Por un lado, los niños y niñas saharauis han tenido la oportunidad de pasar un verano más saludable. La realidad que viven en los campamentos de refugiados de Tinduf es muy dura, y las extremas condiciones de calor de los meses de verano complican aún más su día a día. El tiempo pasado en la ikastola y en las familias de acogida les ha dado la oportunidad de descansar, jugar y vivir nuevas experiencias.

Por otro lado, nuestros alumnos y alumnas han tenido la oportunidad de desarrollar una mirada más amplia sobre el mundo y conocer de cerca otras realidades. Por encima de las diferencias, conocernos y convivir demuestra cuánto tenemos para aprender y compartir.

Construyendo comunidad
A través del auzolan y la solidaridad, este verano la ikastola ha trasladado su visión educativa más allá del aula. La implicación de los padres y los encuentros con los niños saharauis han ofrecido otros dos ejemplos de construcción de comunidad.

Con el inicio del curso, por lo tanto, los estudiantes no solo han regresado a un espacio ordenado y preparado; han regresado a una comunidad basada en la solidaridad, la participación y el cuidado mutuo. Porque ese es el reto y el compromiso de la ikastola: construir la educación entre todos y hacer de la ikastola, cada día, un espacio de convivencia y aprendizaje.