El euskara y la interculturalidad
2023-12-14

El 1 de diciembre la facultad HUHEZI de Mondragon Unibertsitatea organizó en Eskoriatza la jornada “Euskera e Interculturalidad” con el objetivo de dar a conocer el trabajo realizado en los últimos tres cursos. Amaia Mendizabal Elias, miembro del Consejo Rector de la Ikastola, participó en estas jornadas, participando así en una mesa redonda junto a padres y madres de las escuelas de Zaldibia y Ondarroa que están desarrollando este proyecto. He aquí la charla mantenida con ella en torno al tema que es uno de los ejes de la ikastola y del Kilometroak.
1. En primer lugar, ¿qué es y en qué consiste el proyecto Euskera e Interculturalidad?
Este proyecto, desarrollado conjuntamente por HUHEZI y UEMA, tiene un doble objetivo. Por un lado, el objetivo es que los pueblos (Azpeitia) y los agentes (ikastola y escuelas, entre otros) que somos el respiradero del euskera sigan siendo un espacio para vivir en euskera. Porque el euskera necesita esos espacios para ser y respirar; esos espacios que garanticen la transmisión. Junto a ello, este proyecto pretende responderle otro coprapilo: «¿ Cómo podemos seguir funcionando en euskera y, al mismo tiempo, mantener una actitud acogedora e integradora con quienes no saben euskera?
Con el camino emprendido en Zaldibia los miembros de HUHEZI y UEMA nos han traído varias propuestas. Por un lado, la posibilidad de integrar el servicio de traducción a través de la aplicación Telegram. Esto garantiza que podemos seguir manteniendo las reuniones en euskera y que también los que no saben euskera pueden entender lo que está ocurriendo allí; es decir, que todos los padres compartamos el mismo espacio, en el mismo momento, recoger de la misma manera a los que nos rodean. También doy la oportunidad de traducir los mensajes que enviamos los telegramas en los grupos de padres, antes teníamos grupos de whatsapp, para los euskaldunes, y ya empezaban a crear otros grupos para los que no sabían euskera. Eso, sin embargo, no hacía más que reforzar la división entre vascos y no vascos; en lugar de integrarlos, separarlos. Así que los grupos de padres nos propusieron pasar al Telegram y que cada uno escriba y lea en el idioma que quiera. Sea como fuere, estos pasos no son más que los primeros de un largo camino.
2. ¿Qué ha cambiado en la ikastola como consecuencia del proyecto? ¿Qué destacaría?
Diría que el mayor cambio se ha producido en nosotros mismos, en nuestra mentalidad. Hemos tomado conciencia sobre el tema. Antes ya veíamos que había un vacío: los padres no euskaldunes de la clase de mi hija o, especialmente, los extranjeros, a partir de las 17:00, los veía en aquel patio en las esquinas del parque, solos o divididos en grupos según su origen; veía que no participaban en los actos, reuniones y asuntos de la ikastola y, por tanto, también los niños. También la veía en casa, porque mi pareja es extranjera: yo y mi pareja teníamos una percepción muy diferente de la ikastola; la vivía ella desde otra distancia, desde una distancia emocional. Así que nos dábamos cuenta de que había un vacío. Pero ahora, más allá de darnos cuenta, hemos tomado conciencia y, de una vez por todas, ya era hora, hemos abordado el tema. Poniendo una atención diferente a todo lo que organizamos: asambleas, conferencias… Ahora se ofrece el servicio de traducción por telegram, se ha organizado una reunión para explicar qué es el Kilometroak para padres y madres no vascoparlantes, para invitarles de forma directa e individualizada a eventos…
Y, sobre todo, quizá lo más importante han cambiado las relaciones. Todavía quizá frágiles, pero se han empezado a tender puentes. En este proyecto hemos compartido reflexiones y reuniones con algunos padres no euskaldunes; comenzamos a trabajar en primavera, los tres colegios del pueblo a la vez. Así que hemos tenido la oportunidad de conocernos gente con la que antes nunca habíamos compartido el mismo espacio. Ahora, de repente nos saludamos con unos padres extranjeros de la ikastola o del pueblo, con una sonrisa, tenemos una entrevistita en el supermercado e do, aunque sea en torno al tiempo, han aparecido sonrisas cómplices… Hace unos meses no tenía ninguna relación con esas personas.
Además, también se ha mejorado la satisfacción de los padres no vascoparlantes. Algunos han participado por primera vez en las reuniones de padres y madres: escuchar lo que viven sus hijos e hijas en clase, ver fotos… estar con otros padres y madres de una manera normalizada, siendo uno más. Eso ha servido mucho para ellos.
3. ¿Qué estamos haciendo en este momento en el centro?
Estamos en el inicio del proyecto, haciendo todavía las cuentas más básicas. El gran reto de este curso ha sido cambiar las reuniones de padres y madres, y no ha sido un reto menor. Téngase en cuenta que con el proyecto de Interculturalidad comenzamos a trabajar en la zona en primavera y que a principio de curso, tras casi dos meses de parón también en la propia ikastola, de repente tuvimos que cambiar radicalmente todas las reuniones de padres a todos los niveles. En este sentido, el trabajo realizado por el equipo docente y la dirección de la ikastola ha sido impresionante.
Primero preparamos una asamblea de familias para presentar el proyecto a la comunidad de la ikastola. Teníamos miedo, a ver si vendría alguien, qué acogida tendría el tema,… La ikastola hizo un esfuerzo especial para atraer a los padres no euskaldunes, a los que se llamó uno a uno para invitarles. ¿Habríamos logrado, sin embargo, la implicación del resto de padres? Pues bien, fue sorprendente la respuesta: la sala se llenó. Nos reunimos unas 100 personas, 20 de ellas no euskaldunes. Los padres vascos nos expresaron su curiosidad; percibían la necesidad de algo así. Y, de alguna manera, sentimos el calor de las familias no vascas: se acercaron a decirnos hasta qué punto hacía falta algo así, qué solos se han sentido muchas veces en el patio, qué lejos nos han sentido… Recuerdo las palabras de una mujer saharaui: “Nosotras somos abiertas, del grupo, si viene alguien nuevo en nuestra cultura se le recibe… Y yo siempre solo en el patio. ¡Cuántas veces he llorado al irme a casa! “. No creo que hayamos tenido conciencia suficiente de ello, de esa exclusión que estábamos tolerando.
Después vinieron las reuniones de padres y madres y, bueno, al menos a todos los niveles, en todas las aulas se ha conseguido hacerlo en los moldes presentados por el proyecto de Interculturalidad. Y en la ikastola, si hay 40 familias no euskaldunes, vinieron 28 a las reuniones; la mayoría por primera vez.
También hemos reflexionado sobre las líneas de trabajo y los retos de cara al futuro. Además de mejorar lo que estamos haciendo, vemos la necesidad de ampliar las comunicaciones y traducciones simultáneas que realizamos en la ikastola a algunas lenguas, además del castellano.
4. ¿Qué se hace fácilmente en este proceso? ¿Qué dificultad?
Lo fácil es ilusionarse, generar ganas de trabajo. El proyecto lo tiene desde lo emocional y la gente se ha implicado. Lo difícil es cambiar las tendencias y llegar a familias no vascas. Cuando hemos llamado uno a uno a familias no vascas, hemos recibido respuesta, pero nos damos cuenta de que nuestros canales de comunicación habituales no funcionan. Así que estamos a la vuelta de la esquina de esa pregunta: ¿cómo llegar? ¿Cómo animar a participar en las dinámicas de la ikastola?
Somos conscientes de que el camino viene de construir relaciones personales, de crear complicidades; lo primero que tenemos que hacer es superar las reticencias que puede haber por todas partes y construir una confianza. Creemos que no basta con enviar esta nota en castellano o convertir el boletín de la ikastola en plurilingüe. La relación con la ikastola ha sido distante; nos han sentido distantes, ni acogedores ni cercanos, y ahora nos toca construir confianza: eso se hace cara a cara, en las relaciones personales.
5. A partir de un momento los técnicos (UEMA, HUHEZI) desaparecerán de los procesos. ¿Hay peligro de que la fuerza del proceso se pierda con el paso del tiempo?
Si hay peligro, sí, sin duda. De todas formas, yo creo que en este tema hay un factor que nos va a mantener inevitablemente bailando en torno a la interculturalidad: en estos momentos tenemos 40 familias no euskaldunes en la ikastola, pero esa cifra va creciendo mucho y rápido año tras año. Es el reflejo del mundo, los flujos migratorios son cada vez más frecuentes; la diversidad cultural, racial y lingüística es cada vez más común y la realidad sociolingüística y cultural de nuestros pueblos está cambiando mucho y rápidamente. Y esa misma situación debería llevarnos a seguir trabajando en torno a esto.
Como decimos, uno de los ejes de este proyecto es seguir viviendo en euskera: seguir viviendo en euskera y que haya respeto y aceptación de identidades diferentes. El euskera y un futuro Azpeitia euskaldun nos necesita a todos, sea cual sea la implicación, origen e identidad de todos esos ciudadanos que ahora son niños. Amelia Barquin, que nos guiará en este proyecto, nos dice muchas veces, que estamos haciendo todo esto, por un lado, por esos niños, por todos esos niños que son azpeitiarras y de la ikastola; y por otro, por los euskera, porque el euskera nos va a necesitar a todos.